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Música Clásica y ópera de Classissima

Antonio Vivaldi

jueves 28 de julio de 2016


Musica Antigua en Chile

21 de julio

Syntagma Musicum presenta un adelanto de su próximo disco en un concierto que incluye repertorio de Música americana y europea del siglo XVIII

Musica Antigua en ChileMiércoles 20 de julio, 19:00 hrs Aula Magna Usach.Av. Ecuador 3659 Estación Central Entrada Liberada Programa  “Divina armonía“ Afectos musicales en el siglo XVIII • Charles Beauchamps (1631-1705) Suite “Ballet des Jesuites” (c.1680) Overture – sarabande – les filoux – bourré –les grimats et les vents – canario • Manuel de Sumaya (1678 – 1755) Como aunque culpa Recitativo - Aria ... • Jacques Hotteterre (1680-1761) Les delices ou le fargis Premier suite de pieces a deux dessus • Sebastián Durón(1660 – 1716) Cantada al Santísimo y de Pasión “Ay, de mí” •Marin Marais (1656-1728) Sonate a la Maresienne para violín y bajo continuo (1723) Un peu grave – legerement – sarabande – tres vivement – gravement • Michel Corrette(1707-1795) “Polymnie”, Cantatille avec Simphonie (1760) • G. Ph. Telemann (1681 – 1767) Trio Sonata 8 en si b mayor, para flauta y clavecín obligado “Essercizii Musici” Dolce – vivace - siciliana - vivace • Antonio Vivaldi (1678 – 1741) “Vinta a pie d’un dolce affetto” Aria di Mahmud de l’opera “La verita in cimento” Integran Syntagma Musicum Julio Aravena: viola da gamba Franco Bonino: flauta dulce, fagot y dirección musical. Jaime Carter : clavicémbalo Gonzalo Cuadra: tenor Hernán Muñoz: violín Víctor Rondón: flauta dulce.

Pablo, la música en Siana

20 de julio

Andreas, el viajero musical

Martes 19 de julio, 20:00 horas. Festival de Verano 2016, Oviedo, Claustro del Museo Arqueológico: "... más que barroco...". Lookingback Sexteto: Andreas Prittwitz (flauta de pico, clarinete, saxofones), Laura Salinas (viola de gamba), Ramiro Morales (guitarra barroca, archilaúd), Antonio Toledo (guitarra española, buzuki), Roberto Terrón (contrabajo), Iván Mellén (percusiones). Obras de P. Attaingnant, G. Sanz, G. Frescobaldi, Ch. Simpson, Th. Ravenscroft, J. S. Bach, F. Corbetta, C. Monteverdi y F. M. Veracini. Entrada libre. Uno ya peina canas y al volver la vista atrás recuerda al alemán de apellido difícil como actor de una película asturiana en dirección y guión (que parece pasará a la historia como "de culto") titulada "El vivo retrato" (1986) con nuestra espléndida VV, Victoria Vera, un especialista en flauta de pico al que la ayudante de script, compañera de facultad entonces, me presentó en Madrid aquel primer verano de oposiciones junto a Javier López de Guereña, dos musicazos a los que seguiría su pista de manera desigual. Andreas era habitual entonces del Clamores o del recién inaugurado Café Central y ya le daba al saxo como nadie, con la Canal Street Band, Jorge Pardo, Pedro Iturralde, Horacio Icasto, Carlos Carli, Chano Domínguez... tantos habituales y enormes músicos además de una alegría reconocerles posteriormente como uno de los fijos, especialmente con las bandas de Krahe, Miguel Ríos, Joaquín Sabina, Aute o Víctor Manuel más Ana Belén, aportando el toque de calidad a unos temas que crecían en cada solo del alemán. Innovador incluso con las nuevas tecnologías donde el EWI, un controlador MIDI emulando instrumentos de viento hacía salir sonidos increíbles de sus dedos. Por supuesto que su flauta de pico seguiría en una maleta instrumental donde los saxos tomaban protagonismo, así como sus apariciones por esta tierra que le quiere, tocando para todos los públicos y estrenando composiciones dignas de ser programas más a menudo, buscador infatigable de sonoridades (en la iglesia de la Laboral pude disfrutar una de sus joyas) además de viajero musical como nadie, solidario habitual con la OCAS, en el Festival de Música Antigua de Gijón, y sin caer en el "madreñismo" que dice mi primo David, vinculado desde siempre a nuestra Asturias. Mis vecinos de Cenera le han dado a Andreas (extensivo a "todos los Lookingback") el "Premio Serondaya 2015 a la innovación cultural", porque cada proyecto del muniqués de nacimiento, español de residencia y universal como la música, siempre supone avanzar sin olvidar las raíces. El mundo de versionar los llamados "clásicos" siempre ha estado presente en la propia historia de la música y sigo teniendo pendiente una entrada en el blog, siendo el jazz especial por lo supone de cercanía al barroco, improvisaciones a partir de un tema con unas ruedas armónicas que sustentan unas melodías capaces de crecer casi hasta el infinito antes de volver al punto inicial. Andreas Prittwitz conoce este mundo como nadie, lo ha pateado toda su vida desde sus inicios en Munich por lo que esta confluencia era lógica, más aún partiendo de un repertorio que dominaba y una técnica que amplió al clarinete y el saxo para poder reinterpretar partituras que abarcan desde la edad media o el Renacimiento hasta Chopin, y como otras formaciones jugar con los componentes para un repertorio siempre abierto aunque algunos "puristas" no lo soporten. Soy conocido por muchos como "omnívoro musical" y disfruto con estas apuestas, caminos distintos para el mismo destino. Un grupo de saxofones (Sax Antiqva) interpretando barroco nos descubre texturas inéditas para entonces, como Bach a ritmo de jazz marcó mi adolescencia  igual que los sintetizadores para "el pelucas", Debussy o Vivaldi, así que Andreas con Lookingback era continuar con mis gustos ("la Pluhar" hace menos) así como una mirada atrás además de retomar los llamados instrumentos antiguos para una música tan cercana y vigente como el jazz. Esta vez no estaba Joan Espina al violín pero sí Laura Salinas a la viola de gamba, musicalidad plena en "su idioma" virando al jazz como la flauta barroca de Prittwitz, el buzuki de Antonio Toledo arrancando Tres morillas con la imprescindible percusión de Iván Mellén evocadora de tres culturas universales como la propia música del Cancionero de Palacio actualizada con el saxo alto de Andreas, transformaciones que llegan a un flamenco heredero e igualmente fusionado. No importaba el orden del programa, cada tema se presentaba y emprendía viaje propio, el quinteto ambientando la entrada por el claustro del errante Andreas al saxo, Tourdion de Attaignant, coger su flauta para la Españoleta y posterior Xácara de Gaspar Sanz que los nuevos grupos especializados también actualizan desde el rigor y el vigor, pero sobre todo Bach, Looking back on Bach, capaz de sonar siempre único y "soportando" como nadie todas las vestimentas, padre de todas las músicas. El juego que hacen de la Giga, Sarabanda y Minuetos de la "Suite nº 1 para violonchelo" es el mejor ejemplo de este "tour" con compañeros de viaje idóneos, que hablan los mismos idiomas de las tierras transitadas, capaces de cambiar el paso sin perder ningún detalle del paisaje, comienzo con la flauta de pico, escucha de la guitarra barroca a la que se suma la española para marcarse un "blues", por no citar las intervenciones de la viola de gamba más violonchelo todavía o dispararse una bulería con palmas sordas mientras el contrabajo mantiene el "tran trán" de nuestro dios Bach. El Siciliano como primer regalo tornó la flauta en saxo como el buzuki guitarra flamenca o la viola de gamba en voz sin palabras para el primer "hit" de Monteverdi y su Si dolce è il tormento creciendo sin excesos al jazz elegante de ritmos trepidantes (no tengo palabras para la percusión siempre acertada de Mellén) antes de "volver a casa". La anterior Chacona de F. Corbetta (1615-1681) mantuvo pureza y evolución desde un Ramiro Morales dominador de la guitarra barroca en pianísimo, sumándose en el trayecto los músicos con el clarinete elegante, el contrabajo o la viola además de la española para un itinerario que no pasó del "mezzo forte" y volvió al inicio como si de una visita panorámica imperdible se tratase, juegos de volúmenes nunca estridentes, músicos con mayúscula para convivir todos desde la transgresión elegante de la búsqueda de texturas y la improvisación eterna que como ellos dicen "surge gracias a la emoción y al riesgo que aporta... demostrando que en la música no existen límites, ni técnicos ni temporales, para reinventar y personalizar la única música que existe en nuestro planeta: la buena". Para el que suscribe sólo hay dos músicas: la que gusta y la que no, sólo tenemos que pedir que siga presente en nuestras vidas y al alcance de todos, es un derecho irrenunciable. El paladar es muy personal pero también debemos educarlo probando de (casi) todo, en un viaje que siempre nos enriquece.






Pablo, la música en Siana

15 de julio

Forma Antiqva traen café y dulces

Jueves 14 de julio, 20:00 horas. Festival de Verano, Claustro del Museo Arqueológico de Oviedo. “Café Telemann”, Forma Antiqva: Alejandro Villar (flauta), Daniel Pinteño (violín), Daniel Zapico (tiorba), Pablo Zapico (guitarra barroca), Aarón Zapico (clave). Entrada libre. Oviedo no es Leipzig ni el Arqueológico el Café Zimmermann pero el público volvió a llenar el claustro del antiguo Monasterio de San Vicente para probar un Café Telemann preparado por los hermanos Zapico, esta vez en quinteto al sumarse a este nuevo proyecto dos habituales colaboradores de los langreanos: el flautista leonés Alejandro Villar (cofundador con Daniel Mayoral del dúo medieval Eloqventia) y el violinista malagueño Daniel Pinteño (líder del ensemble Concerto1700) en un programa dedicado a Georg Phillipp Telemann (Magdeburgo, 1681 - Hamburgo, 1767), reconocido por el Libro Guinness como el más prolífico compositor con más de 800 obras acreditadas de las más de 3000 conocidas), contemporáneo de su amigo Bach o del vecino Händel, un triunvirato aunque entonces él les eclipsó, y que aprovechando los 250 años de su muerte en 2017 espero recuperemos parte de su obra y lugar en el barroco, como han hecho los Zapico con este original concierto que saca a la luz el dominio instrumental de Telemann con un brillo propio. Si por algo se ha caracterizado Forma Antiqva desde su nacimiento es bucear en el tiempo para retomar y recuperar obras dándoles la frescura de los tiempos actuales, apostando por combinaciones tímbricas que van más allá de sus instrumentos, ya originales en este formato propio. Incorporar esta vez flauta y violín es un nuevo escalón, partiendo de un Telemann cuya máxima parece seguir nuestra formación: "Dar a cada instrumento lo que pide de manera que el instrumentista obtenga placer y el compositor satisfacción" (recogida en las notas al programa), y del que recomiendo para los que entiendan inglés la lectura de esta tesis del año 2001. La organización del programa parte de los "Essercizii Musici overo Dodeci Soli e Dodeci Trii à diversi stromenti" (Hamburgo, 1740) sobre los que versa la tesis antes citada, y donde están las sonatas para flauta de pico y continuo TWV 41:C5 y TWV 41:d4, virtuosismo a la medida de Villar, las "Trio sonata en la menor para flauta, violín y continuo" TWV 42:a4 y TWV 42:a1, ideales para sumar a Pinteño más la "Sonata a 3" TWV 42:d10 basada en el manuscrito V7117 de la biblioteca del Conservatorio de Bruselas y la "Sonatina en do menor" TWV 41:c2 (Hamburgo, 1730) junto a otra similar catalogada TWV 41:a4 de las que solo sobrevivieron la parte solista en la Biblioteca Real de la capital danesa sumándola al bajo de otra versión para violín de estas obras conservadas en Dresde, pero combinadas de forma que todo el quinteto pueda lucirse. Incluso ya que de café se trataba esta música surgiendo natural y agradable aunque sin tertulia (sólo los pájaros parecían estarlo), nada mejor que acompañar cada taza con dulces de origen y nombre francés como era la moda, pero fabricados en Asturias como los carbayones: Macaron, Petit beurre, Brioche y Mille-feuille, de los que dejo los enlaces en vez de las imágenes (verdaderas tentaciones de los golosos como servidor) pero que según vayan leyendo acabarán probando. La Trio Sonata TWV42:a1 abría boca con el quinteto, flauta virtuosa y solista contestada por el violín atento y cómplice, mientras clave, guitarra y tiorba ponían la consistencia de un café puro contrastado en cinco movimientos que abrían papila gustativa y auditiva como si de una carta se tratase: Largo, Vivace, Affettuoso y Allegro. Los lentos, especialmente el tercero, ideales y bien situados entre los rápidos para presentar el estilo Zapico, juegos tímbricos en cascadas y remansos alternados antes de las combinaciones de elementos tomados en distintas proporciones, café natural o torrefacto frente a los arábica o robusta, educando paladares. Después vendría la Trio Sonata TWV 42:a4 jugando con el orden de los movimientos y la primera galleta, el primer punto de inflexión, tras el Affettuoso un Vivace sin violín de la Sonata TWV 41:C5 traería el Grave de repostería más creativa y atractiva, la tiorba de Dani sola y polifónicamente rotunda con un punteo cual variante de pistacho para el mismo dulce, sumándose sus dos hermanos más el violín antes de completar este dulce con la flauta y atacar el Vivace en vertigionosa glotonería sólo compensada en azúcar por el Menuet & Trio que el "dúo invitado" contrastó en timbre y buen gusto frente al "tutti". La Sonata TWV 41:d4 fueron dos galletas de mantequilla en el Affettuoso comenzando con un dúo de violín y tiorba verdaderamente sabrosos, contrastando forma pero no sabor con un trío de guitarra, clave y flauta al que añadiendo en el último momento la tiorba atacaríamos el Presto prescindiendo del violín, manteniendo paladar para un café en dos tragos largos ya que el pan de leche, el toque de yema lo pondría el clave en el inicio del Larghetto (de la TWV 41:C5) degustado en trozos pequeños bien masticados desgranando notas, pausas rotas por el grave salpicado de agudo puro alejándose para entrar la doble cuerda rasgada más la frotada malagueña, sin la flauta que entraría como el azúcar en el café final del Allegro de la TWV 42:d10), otra combinación ideal como si en el Café Central de la capital de la Costa del Sol pidiésemos uno de los diez tipos, geniales hasta en los nombres, incluso si me apuran hasta el tipo de leche. Pero todavía quedaba seguir combinando una Sonata y una Trío Sonata, dulce de múltiples variantes locales que servidos al "estilo forma antiqva" serían milhojas de crema, la Sonata TWV 41:d4 tomando el Grave, nuevamente lento aperitivo de guitarra, después flauta y tiorba y volviendo a unir los tres ingredientes antes del Adagio de la Trio Sonata TWV 42:D10 con todos ellos, sabor profundo y color oscuro sin aditivos, trago largo del que despojar el violín para un muy Allegro de la primera Sonata y todos juntos posar el Allegro de "la Trio", apurando un Presto global del que no dejamos ningún poso con flauta y violín vertiginosos, virtuosos, bien arropados, entregados al placer de la música. Buen café este de Telemann servido por Forma Antiqva, arte de combinar elementos de calidad, movimientos lentos con tímbricas bien mezcladas y planos equilibrados donde flauta y violín colorean al trío local, y los rápidos para lucimiento de estos "invitados" que enriquecen los cafés donde el dulce sigue siendo marca de la casa. De regalo un postre ovetense, Vivaldi cual carbayón: el Allegro de la Trio Sonata en do mayor, RV 82 en versión "ad hoc" del quinteto, degustando los dos "ingredientes nuevos", y repetimos el primer Allegro para recordar el buen sabor de la primera taza. La carta sigue creciendo, ahora con Telemann y este proyecto tendrá mucho recorrido, el tiempo me dará la razón (como hace cinco años con sus estaciones de Vivaldi).

Antonio Vivaldi
(1678 – 1741)

Antonio Vivaldi (4 de marzo de 1678 - 28 de julio de 1741) fue un compositor y músico del Barroco tardío. Se trata de una de las figuras más relevantes de la historia de la música. Su maestría se refleja en haber cimentado el género del concierto, el más importante de su época. Compuso unas 770 obras, entre las cuales se cuentan 477 conciertos y 46 óperas. Es especialmente conocido, a nivel popular, por ser el autor de la serie de conciertos para violín y orquesta Las cuatro estaciones. Esta obra, que forma parte del ciclo de su opus 8 "Il cimento dell'armonia e dell'inventione", tiene una importancia capital por suponer la ruptura del paradigma del Concerto Solli, establecido por el mismo Vivaldi. Hasta entonces, el Concerto Solli era un concierto en el que el instrumento solista llevaba todo el peso de la melodía y la composición, y el resto de la orquesta se limitaba a ejercer el acompañamiento según las reglas de la armonía. Sin embargo, Las cuatro estaciones son unos conciertos para violín en el que la orquesta no actúa como mero fondo de acompañamiento, sino como un relieve: no se limita a acompañar al solista, sino que ayuda al desarrollo de la obra. Esto influirá posteriormente en los conciertos de Händel y, sobre todo, de Bach, ya que éste estudiaría asiduamente los conciertos de Vivaldi, y sería a partir de las innovaciones originales de Vivaldi que Bach perfeccionaría el concepto de concierto. Así, Las cuatro estaciones representan el Concerto Solli perfecto, a tal grado que influye notablemente la música de Johann Sebastian Bach, y ésta inexorablemente en Haydn; y Haydn, a su vez, al convertirse en maestro de, entre otros,Beethoven, extiende la influencia de Vivaldi a más músicos sin que, probablemente, hubieran conocido la obra de Vivaldi.



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